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El periplo de la (auto)publicación II o cómo intentar hacer una lista de todo lo que hay que hacer antes de publicar el libro en sí…

Hace un par de semanas fui a una charla sobre autopublicación en el festival de libros de Berkeley donde –además de aprender lo que eran Goodreads y CreateSpace y escuchar las típicas cosas no necesariamente buenas sobre Amazon y su capacidad de monopolio– me enteré de que necesito comprar un ISBN para mi libro, tener una página web como autora (he aquí mi intento), una página de Facebook (entiendo que con algo más que amigos y ex compañeros de colegio a los que no he vuelto a ver), una portada decente y un sinfín de otras cosas.

Comienzo con el ISBN. Pese a que CreateSpace ofrezca uno gratis me insisten en la necesidad de poseer el de mi título. Y yo soy de hacer caso ante las insistencias. En Estados Unidos Bowker es el lugar de compra para este tipo de cosas, en España la Agencia del ISBN y me tengo que familiarizar con un término tan poco intuitivo de entrada como la “gestión de datos ricos” (son 35 euros más que parece que sirven para que el título pueda venderse en tiendas online).

No contenta con toda la lista de tareas por hacer, he seguido documentándome (que no deja de ser una forma la mar de apañada y casi justificable de procrastinar y no estar escribiendo). En Forbes tienen un perfil sobre el autor autopublicado Mark Dawson, cuya lectura recomiendo mucho a cualquiera que quiera animarse a esto de la autopublicación o simplemente quiera perder un rato. Con el artículo añado nuevas tareas a mi lista, como la necesidad de tener una lista de distribución. En Forbes afirman que Dawson está ganando casi medio millón de dólares al año con sus libros de detectives en Amazon, como para no hacerle caso…

Por algún motivo tenía la extraña idea de que publicando yo misma la cosa sería mucho más rápida que tirando por la vía tradicional. A juzgar por la cantidad de cosas que tengo que hacer (sin contar esa última lectura/edición todavía pendiente) empiezo a creer que tal vez no necesariamente vaya a ser así.

El periplo de la (auto)publicación

libros2Entre Amazon KDP, Lulu y un sinfín de distribuidoras y editoriales online, lo de publicar un libro ha dejado de ser sólo apto para escritores capaces de encontrar agente y de meterse en el bolsillo a un editor y ha pasado a estar al alcance de todos.

Es cierto que lo de la autopublicación sigue teniendo detractores e inconvenientes (el mayor de los cuales parece ser la falta de prestigio que se le puede ver a esta práctica). También es verdad que por mucho que publiques un libro y lo pongas a la venta en Amazon, eso no significa que nadie vaya a llegar a leerlo o comprarlo. Pero, si mi (poca pero increíblemente frustrante) experiencia en el sector de la publicación tradicional me ha enseñado algo, es que nadie (a excepción de amigos y familia) tiene porque acabar leyendo un libro si la editorial que hay detrás de él no se molesta en promoverlo y distribuirlo bien.

Con todo esto en mente y, sobre todo, con la convicción de que autopublicando tendré control total (o casi total) sobre cuándo, cómo y de qué forma se podrá leer mi siguiente libro, parezco haber decidido que la autopublicación es para mí. Ha sido una decisión increíblemente sencilla de tomar y ni siquiera me he molestado en ver si una editorial tradicional querría publicar mi novela. La sola idea de hacerlo me da pereza y pavor a partes iguales. Más pereza en realidad.

He de decir que lo más difícil hasta el momento ha sido vencer mi gran capacidad para procrastinar (verbo que pese a venir del latín y de lo mucho que llego a practicarlo, he aprendido gracias a la completa intoxicación de inglés que tengo desde que vivo en Estados Unidos). Ponerse a escribir cada día, pese a que me dedique a esto, no es necesariamente fácil. Pero después de varios intentos fallidos y muchas vueltas, hace año y medio (sí, soy muy lenta) retomé una historia a medias que había empezado en 2009 y decidí que había que acabarla. La semana pasada terminé de hacer la enésima edición del libro supuestamente acabado. Digo lo de supuestamente porque sé que todavía querré volver a leerlo una última vez más antes de publicarlo y esa última lectura acabará dando paso a otra lectura…

La historia se titula La intérprete de lo anacrónico y la verdad es que intuyo que escribirla (una vez vencida la procrastinación inicial) ha sido lo más fácil de este proceso. Ahora empieza la nada sencilla tarea de conseguir que alguien la lea…