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El periplo de la (auto)publicación VI, la promoción

FBpromoSiendo como soy una procrastinadora profesional y nata estaba convencida de que lo más difícil de publicar un libro iba a ser el hecho de escribirlo en sí. He descubierto que me equivocaba.

Lo más complicado en todo el proceso para sacar adelante y publicar La intérprete de lo anacrónico no fue tener que enfrentarse a la pantalla en blanco o (aún peor) tener que autoeditarme sin saber hasta qué punto tenía ningún tipo de sentido nada de todo aquello que había escrito. Tampoco fue tan complicado como había creído registrar el libro o maquetarlo para que tuviera el formato adecuado en papelebook. Ni siquiera lo de escoger un título (que sé que ha quedado rarito) o diseñar una portada (hubiera sido genial poder contratar a un profesional para hacerlo, pero ha quedado bastante apañada) acabó siendo tan problemático como me hubiera gustado.

Tal vez es que ahora que ya han pasado todas esas cosas, las veo como parte de un periodo dulce y maravilloso de mi vida en el que me dediqué a escribir llena de certidumbre y esperanzas (claramente ingenuas). El tema es que tengo la sensación de que lo peor está siendo promocionarlo. He de decir que me lo podría haber imaginado… Naturalmente lo de ser tímida patológica no ayuda. En todo caso llevo unas semanas poniéndome en contacto con bloggers de literatura sobre todo romántica. Han resultado ser todas mujeres y encantadoras y algunas de ellas ya están en plena lectura del libro o incluso han publicado alguna cosilla que se puede leer aquí o aquí.

También he probado suerte en Facebook (porque soy masoquista). Por el momento he creado una página de autora que ha conseguido algunos Likes eufóricos que no han acabado traduciéndose necesariamente en lecturas (o ventas). Y me estoy quedando sin ideas…

El periplo de la (auto)publicación V, publicando de una vez

2formatsDespués de escribir, revisar, volver a revisar, revisar una vez más, editarlo todo una última vez y una última vez de verdad. Después de hacer todos los trámites y tachar todos los puntos en la lista de cosas que hacer antes de publicar (conseguir un isbn, página web, diseñar una portada, hacerme un perfil en Autor Central de Amazon, apuntarme a KDP Select…). Lo peor de todo con diferencia en la autopublicación de La intérprete de lo anacrónico ha sido darle formato a los dos archivos de word para que se viera todo perfectamente tanto en la versión ebook como en la versión libro de bolsillo de la novela. Sólo apto para gente dispuesta a perder mucho tiempo y a no desesperar en el intento (también a seguir más o menos al pie de la letra las típicas instrucciones encontradas en blogs y foros tras preguntarle mucho a Google).

Aunque en realidad y según todo lo que he leído ahora viene lo peor. Una vez publicado, habrá que conseguir que alguien lea el libro… Que empieza la promoción, vaya. Empiezo a creer que lo de escribir ha sido la parte más fácil (y desde luego divertida) de todo el proceso.

Títulos y beta-lectores

proofA pesar de que la gran  me ha advertido de que el título La intérprete de lo anacrónico es “fulero” –por suerte Natalia también me ha facilitado el significado en lunfardo (slang porteño) de la palabra: poco agraciado– por algún extraño motivo he ignorado sus consejos.

He ignorado consejos también de @soniafabre, Mireia Giró Costa, @xlprieto (claro). Y estoy a la espera de ignorar los consejos de mi compañera de escritura en otros libros, Marta Gené Camps. Marta es la última en una lista de amigos desinteresados de quienes he abusado pidiendo que leyeran el libro y me dijeran qué les parecía.

Hay que decir que no sólo me dedico a ignorarlos. También he escuchado y hecho muchos cambios después de sus lecturas y sus palabras. Y que sin ellos hubiera desistido hace meses, convencida de que todo lo que estaba escribiendo no tenía ningún tipo de sentido. Aunque también es cierto que la noche que Mireia y yo hablamos de mi libro las dos habíamos bebido una cantidad de vino que hace que sólo recuerde la mitad de lo que me dijo; que no he resuelto (creo) uno de los mayores problemas que Sonia le veía al libro (después de mucho meditar para mí no es un problema tan grande); y que el título se haya quedado fulero porque, después de tantas semanas usándolo como “working title”, a mí ha empezado a sonarme bien e incluso me parece original y concreto…

El periplo de la (auto)publicación III, inseguridades varias

FullSizeRenderLa buena noticia es que ya tengo ISBN (y he tachado la mayor parte de cosas en la lista de temas por hacer antes de publicar el libro). Y también que ha llegado la primera muestra en papel de la novela. Un mensajero acaba de dejar la primera copia de La intérprete de lo anacrónico en la puerta. Y, después de una primera revisión rápida siguiendo las indicaciones de createspace, ya tengo un montón de correcciones por hacer. Y eso que ni siquiera he vuelto a leer el libro completo todavía.

La mala noticia es precisamente que ahora hay que volver a leer. Hace semanas que perdí la cuenta de las veces que he leído el libro de principio a final. También he perdido la cuenta de cuántas veces he hecho ya la “última” lectura o la edición “final”. Lo de que a estas alturas ya no puedo ser objetiva queda sobreentendido.

Más que a la historia, estas últimas semanas/lecturas/desesperaciones las he dedicado a corregir problemas gramaticales, errores tipográficos, concordancias y acabar de pulir la narración. Especialmente enfrascada he estado con este artículo de la RAE sobre leísmos (un poco sobre laísmos y loísmos también) que me ha traído de cabeza. Fascinante el tema y lo digo sin pizca alguna de ironía.

 

El periplo de la (auto)publicación II o cómo intentar hacer una lista de todo lo que hay que hacer antes de publicar el libro en sí…

Hace un par de semanas fui a una charla sobre autopublicación en el festival de libros de Berkeley donde –además de aprender lo que eran Goodreads y CreateSpace y escuchar las típicas cosas no necesariamente buenas sobre Amazon y su capacidad de monopolio– me enteré de que necesito comprar un ISBN para mi libro, tener una página web como autora (he aquí mi intento), una página de Facebook (entiendo que con algo más que amigos y ex compañeros de colegio a los que no he vuelto a ver), una portada decente y un sinfín de otras cosas.

Comienzo con el ISBN. Pese a que CreateSpace ofrezca uno gratis me insisten en la necesidad de poseer el de mi título. Y yo soy de hacer caso ante las insistencias. En Estados Unidos Bowker es el lugar de compra para este tipo de cosas, en España la Agencia del ISBN y me tengo que familiarizar con un término tan poco intuitivo de entrada como la “gestión de datos ricos” (son 35 euros más que parece que sirven para que el título pueda venderse en tiendas online).

No contenta con toda la lista de tareas por hacer, he seguido documentándome (que no deja de ser una forma la mar de apañada y casi justificable de procrastinar y no estar escribiendo). En Forbes tienen un perfil sobre el autor autopublicado Mark Dawson, cuya lectura recomiendo mucho a cualquiera que quiera animarse a esto de la autopublicación o simplemente quiera perder un rato. Con el artículo añado nuevas tareas a mi lista, como la necesidad de tener una lista de distribución. En Forbes afirman que Dawson está ganando casi medio millón de dólares al año con sus libros de detectives en Amazon, como para no hacerle caso…

Por algún motivo tenía la extraña idea de que publicando yo misma la cosa sería mucho más rápida que tirando por la vía tradicional. A juzgar por la cantidad de cosas que tengo que hacer (sin contar esa última lectura/edición todavía pendiente) empiezo a creer que tal vez no necesariamente vaya a ser así.

El periplo de la (auto)publicación

libros2Entre Amazon KDP, Lulu y un sinfín de distribuidoras y editoriales online, lo de publicar un libro ha dejado de ser sólo apto para escritores capaces de encontrar agente y de meterse en el bolsillo a un editor y ha pasado a estar al alcance de todos.

Es cierto que lo de la autopublicación sigue teniendo detractores e inconvenientes (el mayor de los cuales parece ser la falta de prestigio que se le puede ver a esta práctica). También es verdad que por mucho que publiques un libro y lo pongas a la venta en Amazon, eso no significa que nadie vaya a llegar a leerlo o comprarlo. Pero, si mi (poca pero increíblemente frustrante) experiencia en el sector de la publicación tradicional me ha enseñado algo, es que nadie (a excepción de amigos y familia) tiene porque acabar leyendo un libro si la editorial que hay detrás de él no se molesta en promoverlo y distribuirlo bien.

Con todo esto en mente y, sobre todo, con la convicción de que autopublicando tendré control total (o casi total) sobre cuándo, cómo y de qué forma se podrá leer mi siguiente libro, parezco haber decidido que la autopublicación es para mí. Ha sido una decisión increíblemente sencilla de tomar y ni siquiera me he molestado en ver si una editorial tradicional querría publicar mi novela. La sola idea de hacerlo me da pereza y pavor a partes iguales. Más pereza en realidad.

He de decir que lo más difícil hasta el momento ha sido vencer mi gran capacidad para procrastinar (verbo que pese a venir del latín y de lo mucho que llego a practicarlo, he aprendido gracias a la completa intoxicación de inglés que tengo desde que vivo en Estados Unidos). Ponerse a escribir cada día, pese a que me dedique a esto, no es necesariamente fácil. Pero después de varios intentos fallidos y muchas vueltas, hace año y medio (sí, soy muy lenta) retomé una historia a medias que había empezado en 2009 y decidí que había que acabarla. La semana pasada terminé de hacer la enésima edición del libro supuestamente acabado. Digo lo de supuestamente porque sé que todavía querré volver a leerlo una última vez más antes de publicarlo y esa última lectura acabará dando paso a otra lectura…

La historia se titula La intérprete de lo anacrónico y la verdad es que intuyo que escribirla (una vez vencida la procrastinación inicial) ha sido lo más fácil de este proceso. Ahora empieza la nada sencilla tarea de conseguir que alguien la lea…